Corazón oxidado

miércoles, 14 de febrero de 2007 § 0

Intentando levantar el espíritu de la nostalgia, de querer estar contigo y nunca estarlo... aveces por hablar, otras por callarme demasiado. Todo lo que diga suena a lo mismo, cuando solo queda un te echo de menos, no te olvidaré.

Limites

martes, 13 de febrero de 2007 § 0

Hay gente a la que le ponen limites el mundo que le rodea, esto puede resultar triste aunque tal vez necesario con la de sociopatas que estamos, pero creo que lo es mas cuando es uno mismo quien se pone los limites, cada uno puede tener sus motivos para esto, y tal vez no sea cuestión el meterse en ellos o intentar profundizar demasiado, pero tal vez a esas personas les convendría pensar que puede que llegue el día en que esos limites no sean un punto donde decides parar si no mas bien, el punto hasta donde sabes o puedes llegar, ya que has olvidado como ir mas allá.

Y ahora en un alarde de demostración, creo por si no ha quedado claro que este párrafo anterior hace referencia a mi persona, estoy olvidando algo tan simple como decir las cosas que siento y como las siento... ya ni recuerdo cuando cerré esa puerta, solo espero encontrar la llave.

Volver

domingo, 11 de febrero de 2007 § 0

A veces no encuentras las perspectivas, otras simplemente no quieres ver.
No hay nada como volver a un lugar que parece no haber cambiado para descubrir en qué cosas has cambiado tú mismo.
N.Mandela
Lo estático es una utopía, no quieras ser una.

Divergir

sábado, 10 de febrero de 2007 § 0

No se si el camino esta mal señalado...
No estoy loco, ahora lo entiendo. Soy mentalmente divergente.
Bruce Willis - 12 Monos
... o simplemente es un caos.

Migrañas que enredan las ideas.

Kafka

viernes, 9 de febrero de 2007 § 0

El híbrido...
Tengo un animal curioso, mitad gatito, mitad cordero. Es una herencia de mí padre. En mi poder se ha desarrollado del todo; antes era más cordero que gato. Ahora es mitad y mitad. Del gato tiene la cabeza y garras; del cordero el tamaño y la forma corporal; de ambos tiene los ojos, que son llameantes y dulces, el pelaje suave y ajustado al cuerpo, los movimientos a la par saltarines y furtivos. Echado al sol, en el alfeizar de la ventana, se hace un ovillo y ronronea; en el campo corre como un loco y nadie lo alcanza. Huye de los gatos y quiere atacar a los corderos. En las noches de luna su paseo favorito es la canaleta del tejado. No sabe maullar y abomina de los ratones. Horas y horas pasa en acecho ante el gallinero, pero jamás ha cometido un asesinato.

Lo alimento con leche; es lo que le sienta mejor. A grandes tragos sorbe la leche entre sus dientes de animal de presa. Naturalmente es un gran espectáculo para los niños. La hora de visita es los domingos por la mañana. Me siento con el animal en las rodillas y me rodean todos los niños de la vecindad.

Se plantean entonces las más extraordinarias preguntas, que no puede contestar ningún ser humano:

Por qué hay un solo animal así, por qué soy yo su poseedor y no otro, si antes ha habido un animal semejante y qué sucederá después de su muerte, si no se siente solo, por qué no tiene hijos, cómo se llama, etcétera. No me tomo el trabajo de contestar; me limito a exhibir mi propiedad, sin mayores explicaciones. A veces las criaturas traen gatos; una vez llegaron a traer dos corderos. Contra sus esperanzas no se produjeron escenas de reconocimiento. Los animales se miraron con mansedumbre desde sus ojos animales, y se aceptaron mutuamente como un hecho divino. En mis rodillas el animal ignora el temor y el impulso de perseguir. Acurrucado contra mí, es como se siente mejor. Se apega a la familia que lo ha criado. Esa fidelidad no es extraordinaria; es el recto instinto de un animal, que aunque tiene en la tierra innumerables lazos políticos, no tiene uno solo consanguíneo, y para quien es sagrado el apoyo que ha encontrado en nosotros.

A veces tengo que reírme cuando resuella a mi alrededor, se me enreda entre las piernas y no quiere apartarse de mí. Como si no le bastara ser gato y cordero quiere también ser perro. Una vez -eso le acontece a cualquiera- yo no veía modo de salir de dificultades económicas, ya estaba por acabar con todo. Con esa idea me hamacaba en el sillón de mi cuarto, con el animal en las rodillas; se me ocurrió bajar los ojos y vi lágrimas que goteaban en sus grandes bigotes. ¿Eran suyas o mías? ¿Tiene este gato de alma de cordero el orgullo de un hombre? No he heredado mucho de mi padre, pero vale la pena cuidar este legado.

Tiene la inquietud de los dos, la del gato y la de cordero, aunque son muy distintas. Por eso le queda chico el pellejo. A veces salta al sillón, apoya las patas delanteras contra mi hombro y me acerca el hocico al oído. Es como si me hablara, y de hecho vuelve la cabeza y me mira deferente para observar el efecto de su comunicación. Para complacerlo hago como si lo hubiera entendido y muevo la cabeza. Salta entonces al suelo y brinca alrededor.

Tal vez la cuchilla del carnicero fuera la redención para este animal, pero él es una herencia y debo negársela. Por eso deberá esperar hasta que se le acabe el aliento, aunque a veces me mira con razonables ojos humanos, que me instigan al acto razonable.

Franz Kafka